Por si fuera poco, el nuevo
medio de locomoción también se convirtió en
poco tiempo en una fuente inagotable de accidentes y de pérdida
de vidas humanas.
La conjunción de la velocidad con
el factor humano, el estado de las vías de comunicación
y los fallos mecánicos han sido una preocupación
constante para los organismos encargados de velar por la seguridad
vial.
Para atenuar esta componente negativa que aporta el uso de vehículos
a motor, los distintos estados han ido adoptando a lo largo del
tiempo medidas tendentes a corregir los problemas antes descritos.
En este sentido, las condiciones de acceso a las licencias de conducción
y el control de los conductores se han ido endureciendo con el paso
de los años.
Además las vías públicas se han rediseñado
para facilitar los desplazamientos de vehículos cada vez
más rápidos y se han adoptado estrictas normas de
homologación y fabricación de los vehículos
en aras a reducir el peso que los fallos mecánicos tienen
en la siniestralidad de los vehículos y a minimizar las emisiones
de gases al medio ambiente.
Es en este último componente de la siniestralidad, constituido
por los fallos mecánicos, donde la inspección técnica
de los vehículos cobra su significado. De nada serviría
fabricar vehículos cada vez más sofisticados y potentes
si a lo largo de su vida útil no se les somete a unos controles
periódicos que garanticen la vigencia y operatividad de
sus sistemas de seguridad pasiva y otros componentes vitales.
Al igual que los ascensores, los recipientes a presión,
las instalaciones eléctricas y en general la mayor parte
de los mecanismos industriales, los vehículos necesitan
de un plan de mantenimiento y de un proceso de certificación
externa a los titulares de los mismos, que permitan validar
con carácter oficial la aptitud de los mismos para su uso.
Además, y ante la problemática que plantean los
automóviles como elementos contaminantes, cobra cada vez
mayor importancia las pruebas específicas de control de
emisiones que se realizan en los centros de ITV, reguladas por
normativas internacionales cada vez más estrictas que pretenden
reducir el impacto negativo que la utilización masiva de
los vehículos tienen sobre el medio ambiente.
Por tanto, la inspección técnica se configura como
un mecanismo de seguridad y control con el que las Administraciones
Públicas de la mayor parte de los países del mundo
pretenden garantizar el correcto estado de funcionamiento de los
vehículos y su aptitud para circular por las vías
públicas en las debidas condiciones técnicas y de
respeto al medio ambiente.
En Europa, la inspección técnica de vehículos,
más conocida por sus siglas ITV, está regulada a
nivel comunitario por la Directiva 96/96/CE,
que en España se ha transpuesto a la legislación
nacional en el Real Decreto 2042/1994. Las normas
generales están por tanto regladas por las Comunidad Europea
a nivel inter-comunitario y por el Ministerio de Industria, Comercio
y Turismo, la Dirección General de Tráfico y el
Ministerio de Transportes a nivel nacional.
No obstante, las competencias en materia de organización,
control y regulación del funcionamiento de los centros
de ITV están transferidas a las Comunidades
Autónomas, que son las responsables finales de la prestación
del servicio en cada Comunidad.
En Andalucía esta potestad la ejerce la Dirección
General de Industria, Energía y Minas dependiente de la
Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa de la
Junta de Andalucía que reguló el servicio de Inspección
Técnica de Vehículos por medio de la Orden
de 15 de julio de 1985 y el Decreto 177/1989, de 25 de julio.